Amarás a tu cliente como a ti mismo.

Creo firmemente que si hubiera una Biblia del Marketing este sería el primer (y tal vez único) mandamiento.

Dejando de lado lo poética que parece la idea, creo que el regirnos por esta máxima podría ayudarnos a  mejorar sustancialmente nuestros resultados, rentabilidad y satisfacción personal.

Permíteme exponer por qué creo que es así y, tal vez, convencerte de dejarte guiar por esta idea.

 

Amar a tu cliente significa: Mejores Resultados.

”Se trata de humanos, no de consumidores”.

-Douglas Van Praet.

 

El Marketing se basa en la creación e intercambio de VALOR y el interés genuino en el bienestar de nuestros clientes puede ayudarnos en esta área.

Al preocuparnos por el bienestar del público al que servimos, empezamos a ver más allá de sus necesidades y retos superficiales y buscamos entenderlos en un nivel más profundo.

Este entendimiento nos ayuda a buscar y entender las motivaciones, dolencias y retos que yacen en lo más profundo de su ser, lo cual nos permite crear VALOR que pueda deleitar a dicho público de manera más sustancial.

Pero crear este valor más sustancial es solo la mitad del camino. Este entendimiento también nos ayudará a tomar acciones para dirigirlos a escoger las propuestas de VALOR que hemos creado, en lugar de las miles de ofertas similares que compiten por su atención. Hacer esto es nuestro deber moral cuando hemos creado una oferta con verdadero potencial de cambiar para bien la vida de un público determinado, ya que como bien notan muchos economistas conductuales, el cerebro humano no está bien capacitado para tomar decisiones adecuadas en la mayoría de los casos, ya que no puede evaluar costos de oportunidad ni consecuencias a largo plazo de manera simple.

Es aquí donde entramos nosotros, para ayudar a las personas a tomar decisiones que resulten en cambios positivos en sus vidas. Para esto necesitamos conocer bien los mecanismos inconscientes que rigen el comportamiento y la toma de decisiones de las personas, ya que, como dice Douglas Van Praet, una marca es simplemente un comportamiento aprendido.

Para conseguir que las personas escojan (y sigan escogiendo) nuestras propuestas de valor, hay que volver estas irresistibles para su cerebro. Como dice Baba Shiv, neuroeconomista de Stanford: ”para hacer que las personas ahorren [y se involucren en conductas benéficas para sí mismas] hay que volver dichas conductas más sexy para sus cerebros”.

Tu amor por tu cliente puede guiarte en la creación de una buena propuesta de valor y en una efectiva promoción de la misma, mejorando así el desempeño de tu marca.

 

Amar a tu cliente significa: Mayor Rentabilidad.

”Ganamos dinero por el valor que traemos al mercado”.

-Jim Rohn.

 

La consecuencia inevitable de crear VALOR superior y promoverlo efectivamente es la captura de VALOR como recompensa por el bien creado en la vida del público al que sirves.

Más valor creado y promovido a mayor escala significa más valor recibido.

Desgraciadamente muchas firmas e individuos buscan formas rápidas de enriquecerse a costa del bienestar de quienes tienen la mala fortuna de creer las mentiras con las que venden sus ‘productos milagro’, sin darse cuenta de que les iría mejor si decidieran invertir su tiempo y recursos en mejorar la situación de un grupo de personas, en lugar de solo esperar tomar y recibir.

 

Amar a tu cliente significa: Más Satisfacción Personal.

”Nos elevamos al levantar a otros”.

-Robert Ingersoll.

 

Algo sumamente ignorado por muchas personas es el increíble poder que tiene en nuestro estado de ánimo y en nuestro autoconcepto el dar y ayudar a otros.

Muchos le atribuyen dicho desconocimiento a la idea o noción de que como seres humanos somos egoístas y solo estamos preocupados por la ganancia personal que pudieran acarrear nuestras acciones.

Esto dista de ser real.

Si bien el interés individual es el principal motor que impulsa nuestras decisiones y conducta, el interés por el bienestar colectivo no se queda muy atrás.

 

Nuestros cerebros se desarrollaron en una época en la que el bienestar individual estaba directamente relacionado con el bienestar colectivo; cuando solo podíamos contar los unos con los otros en un entorno en el que la muerte y el peligro nos acechaban en cada esquina, cuidarnos entre todos era nuestra única garantía de poder ver el amanecer al día siguiente.

Nuestra preocupación por el bienestar colectivo y por ayudar a otros está tatuada en nuestras mentes, justo junto a nuestra preocupación por sobrevivir. Esto es así al grado al que, como dice Michael Shermer ”ayudar a otros aunque no recibamos nada a cambio produce la misma respuesta en nuestro cerebro que la cocaína, el dinero y las caras hermosas.”

Aunque, motivado por las ideas de Adam Smith, creo que el interés propio es uno de los motores de desarrollo social más importantes que existen, también creo que la fuerza que lo mantiene bien balanceado y evita que todos seamos egoístas o hasta sociópatas es este interés por el bienestar colectivo.

 

Así pues, considerando que poner los intereses de otros a la par de los nuestros resulta placentero y satisfactorio ¿qué mejor razón para mostrar amor por nuestros clientes y dejar que ese amor guíe la forma en que creamos valor y nos comunicamos con ellos?

Hagamos esto y, tal vez, podamos también cambiar el mundo.

Facebook Comments

1 Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *