El Mal Llamado ‘Marketing Político’.

Este fin de semana tocan las elecciones para gobernador en el Estado de México y quisiera ocupar este momento para exponer mis puntos de vista sobre el muy dañado sistema político que caracteriza a este país, desde una perspectiva muy merca, por supuesto.

Para esto quiero abordar lo erróneo que, desde mi punto de vista, es llamar ”Marketing Político” a lo que en realidad es solo ”Comunicación Política”.

Cualquier mercadólogo, estudiante de mercadotecnia y hasta quien haya tomado un curso del tema sabe que el pilar más importante del Marketing es el producto o servicio que se crea y se ofrece a determinado público. El producto o servicio es el eje principal de cualquier estrategia, ya que como siempre he pensado, cualquiera puede ofrecerte algo barato, fácil de conseguir y presentarlo de forma muy atractiva, pero si ese algo es un pedazo de basura, nunca le volverás a comprar y ese individuo o firma eventualmente quebrará.

En la política no es así porque nadie tiene miedo a perder dinero como resultado de no cumplir con sus promesas, ya que a los partidos políticos se les subsidia con el dinero de nuestros impuestos. Esto resulta en que los candidatos en turno, en lugar de arreglar el Producto que ofrecen al público (en este caso la implementación de cambios que permitan a este público vivir mejor), se dediquen más bien a prometer cosas que saben que no pueden conseguir y a diseñar su imagen para que parezca más atractiva y confiable para los votantes. Es el equivalente a lanzar al mercado un producto que sabes que no sirve y pretender venderlo con mucho esfuerzo de promoción y un packaging bonito, pero sin arreglar los inconvenientes y fallas de dicho producto.

El problema de raíz es que dichos candidatos y sus asesores saben que a pesar de asumir deudas monetarias impagables (cuya carga yace en nuestros bolsillos, ya que a nosotros es a quienes se nos pasa la factura), dichas promesas no pueden cumplirse, pero también saben que los votantes, al no tener la más mínima idea de esto, llegan a creerse todas sus mentiras. Saben que el público carece de entendimiento básico sobre economía y que, cegado por el miedo a un futuro incierto, votará por quien le prometa más seguridad, aunque esta sea ficticia.

Ejemplos claros de esto son las típicas promesas de ”crear más empleos”, ”asegurar tu derecho a la salud” y la creación de miles de programas, instituciones e infraestructura; promesas que se cumplirían solo con el agitar de una varita mágica, porque son económicamente inviables.

He ahí el error de llamar Marketing Político a una práctica que solo se dedica a cambiar la promesa (o mentira), el discurso y la imagen en turno.                                                                                                          

La cruda verdad que nadie quiere ver es que la única forma en que la política podría ayudar al pueblo, es dejando de estorbarle a los intereses particulares que son los motores del progreso, porque la economía no se puede planificar, el gobierno no puede proveer empleos, tampoco puede erradicar la pobreza y, como hemos visto, es incapaz de proveer servicios de salud y seguridad para todos.

En el Mercado, cuando tu producto no sirve tienes que cambiarlo o dejas de funcionar como empresa; en la política, cuando tu producto no sirve, solo cambias la forma de comunicarte para que miles de votantes incautos se crean tus mentiras, sin cambiar el verdadero problema.

Así pues, para concluir y arriesgándome a politizar este espacio, te invito, estimado lector, a analizar con prudencia, buen juicio y sobre todo con la cabeza fría, las propuestas que te hacen los candidatos que compiten por tu voto.

¿Te prometen eliminar problemas de los cuales son ellos mismos responsables?

¿Te prometen arreglar la economía y crear empleos, aun siendo esto imposible?

¿Te prometen la creación de programas sociales sin decirte cómo planean pagarlos?

¿Se les olvidó decirte que te van a pasar la factura por todos los programas, instituciones e infraestructura que proponen crear?

¿Te prometen un escenario propio de un cuento de hadas, con un final feliz en el que nadie tiene que sufrir por nada ni pagar por nada?

Si respondiste que sí a una o más de estas preguntas, tristemente el candidato en cuestión es uno más del montón; un producto sin sustancia, que basa su éxito en el mercado en promesas vacías y la venta de fantasías imposibles de realizar.

Algo que encuentro curioso al pensar al respecto de todo esto es que, a pesar de que muchos mercadólogos se quejan de que el Marketing goza de una pésima conceptualización popular, no alcen la voz al respecto a lo erróneo y dañino que es para la disciplina (y la percepción de la misma en el público) denominar como Marketing a una práctica que ignora las máximas de ética y búsqueda de beneficio mutuo propuestas por los autores mejor ponderados en la materia.

Esperando que todo esto te deje pensando un poco, me despido.

Facebook Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *