Moss y Klein: Padres de la Heroin Chic.

Su nombre es leyenda por sí solo. Sus facciones, presencia y su mirada. De ella, cada elemento es una joya que se abrió paso de entre los orígenes más inesperados. Basta decir que fue descubierta de niña en el aeropuerto. De él, a sus 72 años uno de los pilares de la industria de la moda actual.

La colaboración de ambos fue tan poderosa que crearon una nueva corriente visual y estética, al mismo tiempo que filosófica. Una nueva narrativa donde los senos pequeños, huesos marcados y el sexo convivían en armonía perfecta.

Si pudiera calificar de algún modo la labor de Moss para Calvin Klein, empezaría diciendo que eran poderosas, intrépidas, y disruptivas. Era 1992 y junto a Mark Wahlberg aparecía frente a la lente de Mario Sorrenti, pareja de ella. Aparece simple. Sólo con ropa interior Calvin Klein.

Ella fue la pieza clave de los esquemas visuales limpios y minimalistas, pero con una gran carga sexual, que ha caracterizado a la comunicación de Calvin Klein. Su rostro delicado y una mirada que desborda inocencia eran el complemento perfecto para quien posara con ella. Un ente fuertemente sexual acompañado de una verdadera dama sin curvas exuberantes, ofreciendo solamente su delgadez y su majestad. Un comienzo brillante para una carrera brillante. Y el inicio del fin para las modelos que habían usado sus senos y glúteos como pólizas de seguro para sus contratos con los diseñadores.

Probablemente ella no lo sabía, pero en ese momento el diseñador y la modelo habían dado a luz al canon estético que definiría a los 90’s: el heroin chic. Y, por supuesto, no sabían que tendrían que lidiar con sus detractores. Pero esa es otra historia.

El heroin chic se volvió el nuevo in en la industria: chicas sin grandes atributos cuyo mayor emblema eran sus cuerpos esbeltos, despreocupadas -casi aburridas-, andróginas e infantiles al mismo tiempo. Antimodelos para la época, si te gusta. Asimismo, llenaron de misticismo, glamour y exclusividad el abuso de sustancias ilegales (de ahí el nombre, y de las cuales Moss tuvo un conocimiento cercano) y la extrema delgadez.

Antes de que la tormenta personal y amorosa de Moss azotaran su puerta en 2011 (tras su divorcio con Jamie Hince), y de que las voces críticas a su delgadez fueran abrumadoras, Kate siguió forjando los inicios de una carrera legendaria.

En 1993 fue el rostro de Obsession, la fragancia masculina de Klein. Para ello, la marca buscaba una estética menos artificial y más carnal. Sin maquillaje, sin luces y sin pretenciones. Probablemente para afianzar aún más su delgadez, su inocencia y su fragilidad.

Sorrenti y Moss pasaron diez días solos en una cabaña en la playa, buscando una intimidad abrumadora y voraz, fotografiando su cuerpo desnudo en variedad de posiciones, situaciones y ambientes. El aislamiento y el constante acoso del fotógrafo crecieron como el mar al que veía su espacio privado. Muy acorde al nombre del perfume, si me preguntan. Fue una pesadilla para la modelo. En palabras de Kate:

Me levantaba por la mañana y ya me estaba fotografiando. Yo le decía ‘¡Déjame en paz!”.

La opresión de la lente fue tal que la relación entre ambos cedió y no hubo más pareja. No obstante, las imágenes capturadas fueron lo suficientemente poderosas para aparecer en todas las portadas con el sello de Klein. ¿Estaba entonces la heroin chic destinada a sufrir?

De cualquier modo, esta ruptura y esa obra fotográfica afianzaron a Moss en el mundo del modelaje y la moda. Altibajos amorosos, críticos de su figura y problemas con drogas fueron obstáculos que Moss supo vencer con gracia y elegancia.

Y este año, 24 años después de los sucesos de Obsession, Moss reaparece continuando el legado de la fragancia con Obsessed. Del mismo modo que lo hizo hace más de veinte años, aparece en una serie de cortometrajes que siguen a la modelo con la intimidad que Sorrenti tuvo en su momento.

Algunos fragmentos incluso recuperan metraje de los 90’s, mostrando a una joven Kate, que si bien ha madurado como mujer y como modelo, sigue reflejando una fuerza inconmensurable que hipnotiza al espectador. Continúa su legado a casi un cuarto de siglo. Reinicia donde se dejó. Como para no permitirnos olvidarla. Como si eso fuera posible.

 

 

En verano de este año aparece en la portada de Vogue Italia en compañía de su hija, Lila Grace Moss, de trece años. Uno menos que los que tenía su madre al iniciar su prolífica carrera. ¿Llevará Lila el espíritu Moss en la sangre? Sólo queda esperar para descubrirlo.

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