Soy hombre, soy mercadologo y me llamo AIDA.

Hace exactamente un año, me encontraba en busca de un trabajo que me llenara en todos los aspectos, me esforzaba por llevar mi mejor traje y el mejor peinado como todo buen mercadologo, jajajaja sí, lo traemos en la sangre. De repente me encontraba en la sala de espera de aquel destino que anhelaba tanto, pertenecer a la gran familia de una importante y reconocida marca. Fue entonces cuando recordé a todas las personas que me dijeron que para entrar a una empresa así solamente con una buena “palanca” podía lograrlo, otros comentarios eran más alentadores pero el resultado era el mismo, un profundo suspiro para relajarme y llenarme de la mejor energía posible, aunque bueno, la suma de todo ese cúmulo de emociones y pensamientos, hicieron que despertara en mi el Marketing Power que llevo dentro.

Comencé a generar un checklist en mi cabeza tratando que no se me escapara el más mínimo detalle en mi Imagen personal.

  • Traje planchado
  • Corbata bien puesta
  • Zapatos brillosos
  • Algún accesorio
  • Un buen aroma
  • CV en mano bien planchadito

Debo ser la persona más impecable del mundo y presentarle mi mejor sonrisa al reclutador que veía aproximarse a lo lejos del pasillo, -¡¡¡La primera impresión es la que cuenta!!!-

Al estrecharnos la mano y saludarnos cordialmente comenzamos a platicar y por supuesto que lo primero que hice fue mostrar mis mejores actitudes y aptitudes que requiere el puesto (te recomiendo analizar a detalle las necesidades que piden y tus características que satisfacen esas necesidades). De manera natural le hice notar las ventajas que tengo gracias a la experiencia que he generado, vaya, me hice el candidato más interesante.

La plática se hizo más amena y cuando escuche -¿Podemos corroborar las referencias?- vi que el deseo por conocer más sobre mi estaba puesto en la mesa, ¿Lo habría logrado? ¿Y si solamente quería ver cuál era mi reacción? -Por supuesto- afirme con la cabeza al mismo tiempo. Dentro de mi sabía que estaba respondiendo a las necesidades que en ese momento quería cubrir la empresa. Cuando me pidió realizar los exámenes sentí dar un paso más al cumplimiento de mi objetivo, -¡¡Ya casi!!- Pasó por mi mente –ya casi-.

Pasaron un par de días y cada que sonaba mi teléfono moría porque fuera la gran marca dándome las buenas noticias de que formaría parte de su familia, y así fue la tarde de viernes, cuando me hablaron ¡¡citando las mismas palabras que imagine por días!! –¡¡Lo logré!!- me llevaron con ellos.

Y es así como ahora pertenezco a una reconocida empresa, es así que orgullosamente digo SOY AIDA, soy Atención, soy Interés, soy Deseo y soy Acción.

Detrás de cada compra, hay todo un proceso para que voltees a ver ese producto y termines llevándolo contigo a casa. Este modelo empleado es aplicable a todo, claro ejemplo como el que acabas de leer, ¡hasta para nosotros mismos! Haz que te miren, resalta tus ventajas, que todos deseen trabajar contigo y cierra ese contrato que tanto anhelas. ¡Mucho éxito AIDA!

 

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