Visitando la biblioteca de mi abuelo

libros de la biblioteca del abuelo

Nací en 1992, y aunque soy de los millennials más jóvenes, a mi también me tocó tener una enciclopedia de 27 tomos donada por mis tíos. En ella encontré muchas cosas para mis tareas de la primaria, pero muchas otras cosas no, y entonces llegó una enciclopedia más completa pero además interactiva, que remplazaría a aquella de hojas de papel; su nombre era Encarta, ¿te acuerdas?

Encarta era una enciclopedia digital desarrollada por Microsoft que desapareció en 2011 cuando los “chavitos” empezabamos a ceder a los encantos del internet, donde la información era mil veces más extensa; hasta llegar a la actualidad, donde encuentras lo inimaginable por la web.

¿Cuántos años tuvieron que transcurrir para que pasara de buscar alfabéticamente en las enciclopedias físicas donde no existía la función “voy a tener suerte” hasta escribir en un buscador el término que se me antoje y conseguir más de una veintena de resultados relacionados? Quizá 10 años o menos.

Te has preguntado, ¿qué tanto has aprovechado esta inmensa enciclopedia democratizada que la humanidad ha construido para ella misma? Hoy en la web hay miles de cursos, e-books, videos, webinars, blogs y periódicos de todo el mundo para volverse loco, y sin embargo muchas veces nos casamos con un solo tipo de contenido de ocio que nos aporta muy poco sí, te hablo a ti que solo ve memes y youtubers abyectos.

Hace unas semanas reflexionaba: ¿cómo es que la generación de nuestros abuelos podía ser tan culta e informada sin tener acceso a internet? La respuesta no está en la escuela porque muchos de nuestros abuelos ni siquiera acabaron la primaria. La verdadera razón eran los libros, libros que nutrían, entretenían, informaban, influenciaban y adoctrinaban a la generación de los padres de los nuestros.

La casa del abuelo de mi mejor amiga está repleta de libros al igual que el estudio de mi abuelo, donde hay ejemplares de geografía, historia, ciencias sociales y de la salud, de contabilidad, educación sexual, música, religión y hasta de relatos de los primeros viajeros al Everest. Tanto el abuelo de mi amiga como el mío fueron personas que podían mantener una conversación sobre casi cualquier tema y todo gracias a las horas y horas de lectura.

Si estás definiendo propósitos para el próximo año, te propongo uno: explotar al máximo el internet, sacar lo mejor de él y hacer tu propia biblioteca digital con fuentes de información que te den vigor y fuerza, como los libros lo hicieron con nuestros abuelos.

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